Un misterioso depredador fue resucitado por científicos tras estar 40.000 años bajo tierra congelada
Científicos rusos lograron revivir a un depredador microscópico que permaneció congelado en el permafrost siberiano durante casi 40.000 años. Este organismo fue hallado vivo a nueve metros bajo la superficie helada, en la región de Yamalo-Nenets, en el Ártico ruso.

Los expertos estiman que la criatura quedó atrapada desde el Pleistoceno tardío, una época en la que todavía habitaban mamuts lanudos en el planeta. La especie, recién identificada, recibió el nombre de *Acanthocystis yamallongha* —que significa “espíritu del borde de la Tierra”— y se caracteriza por estar cubierta de intrincadas escamas y espinas muy finas, con un grosor menor a una milésima de milímetro.
El organismo fue extraído con éxito de sedimentos cercanos al río Kheigiyakha por investigadores de la Universidad Estatal de Tyumen, quienes también consiguieron mantenerlo con vida en condiciones de laboratorio. Según el científico German Sozonov, “realmente se le puede describir como un fósil viviente”. A diferencia de sus parientes modernos, el organismo mostró hábitos alimenticios distintos.
Este ejemplar pertenece al grupo de los heliozoos centrohélidos, un conjunto de depredadores unicelulares con tentáculos y espinas. El hallazgo sorprendió a los científicos rusos, quienes destacaron que el organismo se mantuvo vivo tras miles de años en un estado de animación suspendida.
Sozonov agregó: “Nunca antes había trabajado con muestras de esta antigüedad, por lo que esperaba una baja diversidad de microorganismos. Esto hizo que el descubrimiento de protistas activos fuera aún más inesperado”. El estudio indica que el organismo representa un linaje evolutivo completamente nuevo para la ciencia.
Los investigadores sostienen que el microdepredador sobrevivió a lo largo de casi 40 mil años gracias a un proceso llamado criptobiosis, mediante el cual forma una capa protectora de sílice y detiene casi por completo su metabolismo. Este mecanismo le permitió resistir en un estado cercano a la muerte, preservado por el permafrost.
Este hallazgo amplía la comprensión sobre la capacidad de supervivencia de los organismos microscópicos en condiciones extremas, sugiriendo que pueden persistir mucho tiempo más de lo que se creía.
Por otro lado, los científicos aclararon que el organismo no representa ningún peligro para la vida humana. “No es un parásito ni un patógeno”, aseguró Sozonov.
El permafrost siberiano, que cubre alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre del hemisferio norte, actúa como un congelador natural que preserva formas de vida antiguas durante milenios. En años recientes, ya se habían identificado varias bacterias y microorganismos antiguos en esta zona.



