ADN del crimen: cómo es el lugar donde analizan con microscopio los casos policiales más impactantes de la Argentina
Al ingresar, se percibe un frío particular acompañado por el sonido constante de los motores de los refrigeradores y del sistema de ventilación. Entre algunos ataúdes de madera vacíos, una repisa sostiene una imagen de la Virgen María. Un poco más adelante se encuentra la puerta que conduce a la sala de autopsias.

Este es el recorrido que realizan los cuerpos que ingresan a la Morgue Judicial de la Nación, dependiente del Cuerpo Médico Forense (CMF) de la Corte Suprema de Justicia. Diariamente, ingresan en promedio entre 15 y 20 cadáveres para ser analizados como parte de investigaciones criminales.
Este organismo técnico pericial cumple este viernes 130 años y está detrás de los casos policiales más resonantes de la historia argentina, como los del fiscal Alberto Nisman, Ángeles Rawson, María Marta García Belsunce, Candela Rodríguez, Alicia Muñiz y la tragedia de Cromañón.
Aunque la morgue funciona desde 1908 en el edificio ubicado en Viamonte y Junín, en el barrio de Balvanera, el CMF fue creado el 3 de julio de 1896, tras la promulgación de la Ley 3.356. Su labor abarca tanto la realización de autopsias y estudios de tanatología como los peritajes científicos solicitados por juzgados penales a nivel nacional y federal.
El perito médico Leonardo Ghioldi, decano del Cuerpo Médico Forense desde 2025, guía la visita a las instalaciones que sostienen este equipo que opera las 24 horas, los siete días de la semana. Explica que, si bien la autopsia se realiza en el día, se extraen diferentes muestras del cuerpo para enviarlas posteriormente a los laboratorios y determinar las circunstancias de la muerte.
“Cada autopsia requiere fotografías y entre 15 y 20 muestras distintas que serán analizadas, ya que el juez necesita conocer la causa del fallecimiento”, destaca Ghioldi.
### Las etapas de una autopsia
Los laboratorios forenses son fundamentales en la investigación, ya que aportan la evidencia objetiva que será utilizada en los juicios orales. En la visita, se recorren los pasillos hasta llegar al laboratorio de Toxicología, un espacio equipado con vitrinas que contienen las “piezas testigos” utilizadas para comparar con las muestras extraídas, y con cromatógrafos que separan, identifican y miden sustancias químicas como drogas, alcohol o venenos en muestras biológicas complejas, como sangre y orina.
“El laboratorio cuenta con un cromatógrafo líquido con detector de masa, uno gaseoso con detector de masa y uno de espectrometría líquida de alta presión con detector de yodo”, enumera Ghioldi, quien resalta que varias piezas fueron incorporadas recientemente gracias a la inversión de la Corte Suprema en tecnología.
En esta área se reciben al menos cinco tipos diferentes de muestras para la detección de drogas o medicamentos: sangre, orina, hisopado nasal, hígado y humor vítreo. Con una única muestra se puede analizar simultáneamente la presencia de varias sustancias. De hecho, estiman que por cada cadáver se realizan unas 12 determinaciones. Si diariamente ingresan 20 cadáveres, se efectúan alrededor de 240 análisis.
El uso de “testigos” es crucial para alcanzar conclusiones precisas. En cromatografía, estos son sustancias conocidas y certificadas que se colocan junto a las muestras para comparar su color y desplazamiento, almacenadas cuidadosamente en vitrinas.
Otro laboratorio clave es el de Anatomo-Histopatología, donde se estudián microscópicamente fragmentos de tejidos y órganos extraídos durante la autopsia. Esto permite a los patólogos confirmar la causa de muerte, detectar enfermedades ocultas y determinar la antigüedad o el origen de lesiones recientes o antiguas.
### Precisión microscópica para buscar la verdad
Entre órganos preservados en formol, como cerebros, y la pulcra mesada iluminada con luz fría, se organizan cajas y frascos con muestras rotuladas para el trabajo científico. Por lo general, se reciben entre cinco y seis muestras, que pueden incluir bazo, riñón, hígado, corazón, pulmón y encéfalo, aunque esto varía según el mecanismo de la muerte y la hipótesis de violencia.
Previo a la autopsia, es fundamental contar con la historia clínica del fallecido, el lugar de procedencia del cuerpo y las descripciones realizadas por la policía y el médico forense.
Dora Mazzoccone, técnica con 16 años en el laboratorio, explica: “Si hay politraumatismos, pueden enviar el cerebro entero; si no, se remite una sección con las meninges. En heridas por arma de fuego se envía la sección de piel con el orificio de entrada. En casos de arma blanca, suelen enviar órganos afectados. Por ejemplo, si la lesión está en el tórax, se remiten los pulmones para evaluar el daño inciso y la piel con el corte.”
También señala que “en asfixias mecánicas, suelen enviar el bloque cervical y la piel donde se observa el surco de compresión. En casos de abuso sexual o sospecha, muchas veces se remite la exenteración con los órganos genitales”.
Las muestras se procesan y se convierten en tejido que luego se coloca en pequeñas secciones cubiertas con parafina. A continuación, el bloque de parafina es llevado al área de patología, donde se utiliza un micrótomo, máquina que corta láminas del tejido para montarlas en vidrios. Estas láminas se someten a un proceso de tinción que les otorga un color violeta mediante



