El país sufre y ellos podrían salvarlo…
Don Alfredo tiene 78 años. No tiene para comer. La heladera está vacía. El gas está cortado. El frío del invierno pasado le dolió en los huesos y en el alma. “Tuve que elegir entre calentarme o comer algo caliente… muchas noches no comí”, confiesa con la voz quebrada.
Historias como la de Don Alfredo se repiten en 7 millones de hogares argentinos. Jubilados que fueron la variable de ajuste, que vieron cómo su calidad de vida se desplomaba: carne y productos básicos fuera de su mesa, servicios impagables, alquileres que devoran sus magros ingresos.
Y ahora, este gigante silencioso podría decidir el destino de un país. El 26 de octubre, cada voto será un grito de supervivencia. Aunque muchos mayores de 70 años no están obligados a votar, su participación puede inclinar la balanza electoral y cambiar la historia de Milei.
Mientras los políticos discuten teorías y promesas, millones de adultos mayores sienten hambre, frío y abandono. Y en ese dolor, reside un poder que pocos se atreven a medir.
El 26 de octubre el grito de los abuelos se escuchará más fuerte que nunca: «basta Milei»




